Ante la tiranía ideológica de EpC

domingo 8 de noviembre de 2009

Sexo científico

Por ANDRÉS OLLERO TASSARA. CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO. IDEAL Granada, Jueves, 05-11-09

Salta el toro a la plaza y el matador, acodado en el burladero, parece temer que se le caiga la montera; duda entre el «que no quiero verlo» y la esperanza de adivinar en sus primeros escarceos si podrá hacer faena. La ciencia no podrá ayudarle mucho; sólo cuando pise el albero irá saliendo del trance como pueda.

La ciencia últimamente no gana para sustos. En cuanto surge un problema peliagudo le acaban endosando la primera ocurrencia que salga al paso. También la Permanente del Consejo de Estado —cinco consejeros de derechas y dos de izquierda, al decir de la crítica— ha recurrido a ella para aliñar un toro al que no sabía cómo encarar.

Como es sabido, la Constitución afirma que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». El ponente del Consejo, uno de los padres de la Constitución, asegura en un arranque de audacia que «es claro que la educación sexual puede incidir en tales convicciones». El silogismo parecía inapelable, pero no está la plaza para silogismos. Al final resulta que lo que se garantizará es «el derecho de los padres a completar (sic) la educación sexual de sus hijos». O sea que, gracias a la Constitución, nada impedirá que los padres puedan en la intimidad del hogar sugerir a sus hijos que lo que les han dicho en clase no pasa de ser una cochinada. Qué alivio...

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No es fácil imaginar qué habría ocurrido si la Constitución llega a decir que los padres pecharán con la educación moral que tengan a bien suministrar a sus hijos en la escuela. La explicación de tan curioso protagonismo invertido es la frase que nos invitó al quite. Se da por hecho que la educación sexual en la escuela será por decreto «objetiva y científica». No entremos en cálculos de probabilidades. El cumplimiento de tan optimista pronóstico ¿es siquiera posible?

¿Qué puede significar una educación sexual científica? La capacidad educativa de la ciencia en materia sexual es más bien misteriosa. ¿Qué ciencia se ocupará de ella? Sin duda, la anatomía podrá detallar las características de los órganos sexuales, o la ginecología explicar posibles consecuencias de la cópula. Lo que difícilmente podrá ciencia alguna establecer es cuál sea el sentido de una relación sexual. La ciencia es capaz de aclarar hechos pero no de comprender el sentido de una acción. La educación por su parte no puede empobrecerse, reducida a mera información sobre hechos, sino que aspira precisamente a descubrir el sentido que cobran cuando los protagoniza una persona. No puede explicarse una relación sexual humana del mismo modo que se explicarían las que en mejores días disfrutó el animal que protagoniza la corrida.

Como no parece razonable negar inteligencia a tan prestigiadas mentes, quizá el secreto radique en que la educación sexual en la escuela sea objetiva. Es de temer que esto implique que el sexo sea contemplado como un objeto, susceptible de producir al usuario notable goce, por lo que compensa que se familiarice con las oportunas destrezas y habilidades. Puede que los padres de la tierna criatura estén, por el contrario, convencidos de que el sexo no ha de tratarse como objeto, por ser un aspecto nada desdeñable de la propia subjetividad, capaz de expresar sus más nobles sentimientos, e incluso de hacer pleno su natural afán de transcendencia por la vía de una entrega personal.

Si la educación sexual no puede, sin dejar de ser tal, limitarse a aspirar a ser objetiva y científica, alguien debe estar tomando el pelo a los padres amparándose en el burladero constitucional.

martes 3 de noviembre de 2009

Resistencia cívica

“La manifestación por la vida del 17-O: el comienzo de una resistencia activa, organizada y constante”

Artículo de Alejandro Llano / catedrático de filosofía de la Universidad de Navarra / La Gaceta de los Negocios /viernes 16 de octubre de 2009

La manifestación del sábado por la tarde contra la nueva ley del aborto ha de considerarse como un comienzo y no como un final. Debe ser el inicio de una etapa en la que la ciudadanía española demuestre su capacidad de iniciativa respecto a los ataques del Gobierno socialista a nuestra conciencia moral. Por variados motivos, nos hemos convertido en un país resignado y paciente, dispuesto a soportar casi todo… pero no todo. Y esta vez se han pasado. Han cruzado el límite. Y han llegado al punto en el que es preciso pararles los pies.

Uno de los signos positivos de nuestro actual panorama social es la agudización de la responsabilidad cívica, tan adormecida hasta hace poco. La crisis económica y la incompetencia política para afrontarla han dado el pistoletazo de salida. Pero, sobre todo, han levantado la veda de nuestra capacidad de enjuiciamiento y de respuesta explícita. Si Zapatero –puesto a echar balones fuera– ha llegado a decir que el calentamiento global es más grave que la crisis, somos muchos los que consideramos que los continuos atentados contra la vida naciente son notablemente más inquietantes que el problema ecológico. Porque no se está atentando contra algo externo, sino contra nosotros mismos.

El aborto implica un suicidio social. Lo que domina en el afán de suprimir las barreras jurídicas para la liquidación de la vida emergente no es el instinto de placer: es el instinto de muerte. Freud vio clara la cercanía del principio tanático a la búsqueda sistemática de la satisfacción corporal. El enlace entre eros y thánatos es el narcisismo: el egocentrismo como motivación central.

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La conciencia ética de la ciudadanía posee unos contornos invulnerables que acaban por comparecer. Esta vez, nuestros gobernantes han intentado manipular el buen juicio de la gente. Lo que estamos padeciendo es una gran maniobra de ocultación, con la que tratan de golpear nuestras mentes hasta que penetre en ellas la verdad oficial de que lo negro es blanco. Se presenta la desprotección de las vidas inocentes como seguridad jurídica para las madres (sin añadir que se está protegiendo celosamente el negocio privado de la industria abortiva). No hacen más que aludir a los países de nuestro entorno, sin considerar los diferentes sistemas jurídicos que existen en cada uno de ellos. Y, en cualquier caso, nadie está obligado a imitar el mal por muy extendido que se encuentre. El mimetismo no es un buen camino.

No se ha revelado la anomalía española, destacada recientemente por el informe de Miró i Ardèvol: el 66% del incremento de los abortos que se produce en Europa se concentra en España. Lo cual, por supuesto, no se va a frenar con la escalada de permisivismo que traerá la nueva ley. Tampoco se ha dicho que la única regulación jurídica que ha conseguido una disminución de abortos ha sido la polaca, muy semejante a la que actualmente se incumple clamorosamente en España. Ya se sabe, por lo demás, que la píldora del día después no detiene esta patología social, sino que más bien la exacerba porque fomenta la promiscuidad.

El trasfondo ideológico del proyecto de ley queda además reforzado con las recomendaciones sobre la educación sexual en las escuelas. Reaparece la obsesión socialista por sexualizar a los niños y niñas desde su misma infancia, como si no fuera patente la anarquía que en este campo existe ya entre nosotros. El problema no es enseñarles lo que, por procedimientos más expeditivos, casi todos conocen. Tampoco se trata de divulgar más aún los medios anticonceptivos. El nudo de la cuestión es de índole ética y educativa. Si, de intento, se desmoraliza a las nuevas generaciones, no cabe esperar de ellas un comportamiento sano y sensato. No estamos ante un problema biológico, sino ante un tema hondamente moral.

La manifestación multitudinaria es un reflejo de resistencia ciudadana. Pero la clave estriba en que se trate de una resistencia activa, organizada y constante. Nos estamos jugando nuestra propia dignidad como pueblo. Ha llegado el momento de decir, con temple radicalmente democrático: hasta aquí hemos llegado.

domingo 25 de octubre de 2009

Los verdaderos líderes

Lo he dicho y escrito muchas veces en estos últimos días: en España los políticos tienen demasiado peso en la sociedad y en los medios de comunicación. Un ejemplo es el impacto de la presencia de cuatro o cinco de ellos y las declaraciones de otros pocos con motivo de la manifestación por la vida del pasado sábado 17 en Madrid.

Por eso, quiero aprovechar el estupendo trabajo de HazteOir y del Foro de la Familia para presentar y difundir la imagen y las palabras de los verdaderos líderes.



Jesucristo en el cine 2

El libro Jesucristo en el Cine, del que ya hemos hablado, ya está en la calle.
Para abrir boca, os dejo con el documental sobre la figura de Jesús en el cine que hace un par de años elaboraron dos realizadores de “Días de cine” -el programa estelar de TVE sobre el Séptimo Arte-. Lo montaron Raúl Alda y Fran Ventura con fragmentos de las principales películas sobre Cristo que hemos podido ver en los cines o en la televisión, y el resultado se emitió por televisión el 6 de abril de 2007, en plena Semana Santa.

Aquí se ofrece la primera parte de este programa, ya disponible en Internet, que recorre las principales cintas desde el nacimiento del cine hasta mitad de los años sesenta.

Anglicanos que vuelven a la fe de sus mayores

En un país que guarda tanta estima por sus antepasados, las tradiciones de siglos y la vetustez de sus instituciones, es lógico que cada vez más muchos vuelvan la vista a la fe de sus ancestros.

Ya hablé en un artículo anterior de Escritores Conversos, la estupenda obra de Joseph Pierce, un espléndido retrato de la conversión de muchos e ilustres intelectuales ingleses a la fe de Roma durante el siglo XX.

Ahora se ha abierto un camino ancho y andadero para que muchos más anglicanos, de todo el mundo, regresen a casa.



Algunas notas sobre la Vuelta a Casa de los Anglicanos, del excelente blog De Lapsis.

jueves 22 de octubre de 2009

¿Por qué me manifesté el 17 O?


Está claro que porque pienso que el aborto consiste en asesinar a un ser humano, y que la vida humana es un bien inviolable.

Pero no me refiero ahora a este tipo de cuestiones básicas y universales, me refiero a los aspectos coyunturales que tanto se están debatiendo.

Por supuesto, me manifesté para exigir al Gobierno que retire su proyecto de ley de reforma de regulación del aborto, que me parece una atrocidad; por supuesto suscribo el manifiesto de los convocantes, sobre todo cuando solicita al Gobierno medidas concretas y eficaces para facilitar la maternidad; pero no sólo eso, también formé parte de esa porción de manifestantes que echamos a andar un camino largo pero con una meta precisa: la derogación de toda ley que permita abortar en cualquier supuesto. La vida humana no es divisible.

Sin embargo, éstas no fueron las razones principales. El motivo de los motivos por el que me manifesté el 17 O tiene que ver con las convicciones personales y su conjunto, es decir, con la opinión pública. El motivo es que con esta manifestación quería contribuir a asentar en la opinión pública la convicción primera: que toda vida humana es igualmente digna (importa), que el aborto es un crimen y una desgracia, que hay que evitar llegar a la tesitura de abortar, y que, llegados a ese extremo, hay que buscar otras soluciones, soluciones de verdad, nunca el aborto.

Hecho lo anterior, podremos cambiar las leyes del aborto por leyes de la Vida y enviar a los de las clínicas abortistas al paro.

Ceguera y perdón


Positive Media propone, entre otras muchas cosas, The Blind Side y As We Forgive.


¡Atentos!

También llamaron "derecho a la esclavitud"

¿Qué habrían dicho en aquella época algunos que consideran que lo liberal hoy en día es defender el aborto como un “derecho”?. Hoy en día todo el mundo rechaza la esclavitud y es muy fácil posicionarse contra ella, igual que ocurrirá algún día respecto del aborto, pero lo arriesgado es “mojarse” en el momento y cuando te toca ir contracorriente, como les ocurrió a los abolicionistas en el siglo XIX y como les ocurre a muchos provida hoy en día.

Florida, en EEUU, fue el origen de una canción muy pegadiza titulada“Bonnie Blue Flag” (bonita bandera azul), que podéis escuchar en este fragmento de la película “Dioses y generales”. La letra de la canción ensalzaba la bandera azul con una estrella blanca en el centro que sirvió de distintivo en muchos campos de batalla a las fuerzas confederadas durante la Guerra de Secesión.

El estribillo de esa canción empezaba con dos versos que decían:“Hurrah! Hurrah! For Southern Rights, Hurrah!” La expresión “southern rights” (derechos del sur) fue utilizada con profusión en aquella época para referirse en especial a un mal llamado derechopor entonces en disputa y que fue uno de los detonantes de esa contienda civil: el “derecho” a poseer esclavos.

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Cocaína

Un dramático testimonio de adicción a la cocaína, por Raúl Espinoza Aguilar | yoinfluyo.com

"En mi profesión me iba bastante bien. Me dedicaba a la venta de computadoras en gran escala. Realicé buenos contratos con importantes empresas y gané bastante dinero, no lo puedo negar.

Sin embargo, casi en forma inconsciente, en mi vida se introdujo el consumo de alcohol. Si lograba realizar buenas ventas, como recompensa, acostumbraba tomar algunas copas, ¡había que celebrarlo!

Por el contrario, si me iba mal o no llegaba a las metas planeadas, acudía también al alcohol para olvidar mi frustración. Al principio, sólo bebía en los fines de semana, pero luego, lo comencé a hacer también entre semana.

Un día un antiguo compañero de la universidad, Nacho, me invitó a probar el ‘crack’, la ‘base’ o la ‘piedra’, como le llaman. Me llevó a un departamento de lujo y me presentó a su dueño, Gustavo". [SIGUE]

lunes 19 de octubre de 2009

"Gran consenso social" sobre el aborto*

* Es más, yo diría que hay un gran consenso social sobre la vida.

Por JUAN MANUEL DE PRADA, en ABC, hoy Lunes, 19 de octubre de 2009



LA manifestación en defensa de la vida que el sábado abarrotó las calles de Madrid no fue promovida ni auspiciada por ningún partido político. Fue, de hecho, una expresión de vitalidad jubilosa de una parte nada exigua de la sociedad que antepone convicciones de orden superior sobre las diversas posturas ideológicas en liza; y que aspira, antes que a influir sobre tal o cual partido, a promover una transformación social que devuelva la salud a nuestra época. Quienes asistieran a la manifestación pudieron comprobar que allí no se congregaban «partidarios», sino gente que anhela el despertar de ese meollo de humanidad, previo a cualquier disputa ideológica, que nos permite abrazar y acoger a toda vida gestante que llama a las puertas de la gran familia humana. Que esa manifestación se caracterizase, además, por su entusiasmo juvenil, por la llamativa presencia de millares de jóvenes y adolescentes que proclamaban sin rebozo su adhesión a la vida nos reconforta y alienta a quienes hemos empeñado nuestro esfuerzo en la lucha contra el aborto. Sabemos que otros tendrán que recoger nuestro testigo, porque la empresa de transformación social que promovemos no se completará de la noche a la mañana, sino que requerirá el concurso de varias generaciones. Y en la manifestación del sábado pudimos comprobar que la entrega del testigo está asegurada.

Como nuestro afán no es «partidario», quienes nos declaramos contrarios al aborto creemos que la gente puede cambiar; creemos que nuestro testimonio puede convencer a los tibios, a los conniventes, a los estólidos; creemos que quienes hasta ayer mismo han amparado el aborto por sinrazones de conveniencia política o por anestesia de las convicciones pueden mañana albergar ese «cambio de mente» que facilite una transformación social. Por eso, la presencia en la manifestación del sábado de representantes políticos de la derecha no podía interpretarse sino como un signo esperanzador. Durante los ocho años que permanecieron en el Gobierno, no movieron un solo dedo por promover ese «cambio de mente»; más bien al contrario, permitieron que ley vigente se convirtiera en un coladero fraudulento que, por la vía de hecho, consagraba el «aborto libre», además de financiar con dinero público a diversas organizaciones abortistas. Pero lo que hicieran en el pasado no importa tanto como lo que puedan empezar a hacer en el futuro; y su presencia en la manifestación parecía augurar que estaban dispuestos a reparar los daños causados.

Pero me ha bastado escuchar unas declaraciones de la señora Cospedal para entender que tal disposición no existe; o que, al menos, no existe en algunos de los políticos que ayer se sumaron a la manifestación. Cospedal dijo que estaba allí para mostrar su oposición a la ley promovida por el Gobierno, que tildó de innecesaria puesto que la vigente «tiene un gran consenso social». Al escucharla, se me han revuelto las tripas; porque lo que la manifestación del sábado demostraba, precisamente, era que tal «consenso social» no existe, o dicho con mayor exactitud: que ningún «consenso social» puede legitimar el aborto, porque «cada vida importa», porque arrojar vidas gestantes al cubo de la basura no es algo que pueda decretarse mediante «consenso social». Un consenso que, por lo demás, jamás podrá producirse: pues aunque existiera una sociedad tan degradada como para «consensuar» tal injusticia, las vidas gestantes arrojadas al cubo de la basura jamás participarán de ese sórdido consenso. Las obscenas declaraciones de Cospedal nos demuestran, en fin, que la transformación social que promovemos quienes defendemos la vida no puede contar con esa patulea de hipócritas redomados que anida en la política; la próxima vez que nos los encontremos en una manifestación tendremos que echarlos a patadas. Consensuadamente, pero a patadas.